lunes, 28 de abril de 2025

18. Ruanda, ¿un milagro después del genocidio?

Ruanda, un país minúsculo
Como comentaba en mi entrega pasada, lo poco que sabía de Ruanda era lo sucedido en 1994 cuando hubo un genocidio que dejó alrededor de un millón de muertos en tan solo 100 días, y un país en ruinas. 

Hoy en día muchos describen a Ruanda como la “Suiza de África”, en donde el crecimiento económico, la estabilidad política y la seguridad son la excepción en esa zona del continente africano.

Así que decidí indagar un poco más acerca de la historia de ese país para entender cómo había logrado ese milagro que tanto añoramos en nuestros países de Latinoamérica, y encontré cosas aterradoras que demuestran tristemente que “de eso tan bueno no dan tanto”.

Foto: allafrica.com
Pero antes de empezar, les recomiendo ver la película “Hotel Ruanda” por si aún no lo han hecho, porque ahí se ve una reseña de lo que ocurrió durante el genocidio, a pesar de que al parecer el heroísmo del protagonista no fue tal y como allí se presenta.

El último rey de Ruanda

Para hacer la historia del genocidio más corta, en resumen, fueron dos etnias originarias del mismo país que se disputaron, y la etnia que estaba en el poder (los hutus) mataron alrededor de un millón de personas, principalmente de la otra etnia (los tutsis). Pero en realidad lo más triste de todo es que esos dos grupos, en un principio no eran dos etnias diferentes, sino que la sociedad ruandesa estaba organizada en un sistema feudal, donde los tutsis eran tradicionalmente pastores y los hutus, agricultores. Básicamente los tutsis eran los aristócratas del Reino de Ruanda, el cual comprendía también partes de lo que hoy es Burundi, Uganda y la República Democrática del Congo (RDC). 
Esos dos grupos hablaban la misma lengua, practicaban la misma religión, podían casarse entre sí y pasar de un grupo al otro. Era más que todo su actividad económica lo que hacía que estuvieran catalogados de una u otra manera.

¿Y cómo llegaron entonces a querer exterminarse mutuamente? El Reino de Ruanda fue colonizado en 1895 por los alemanes quienes fueron a su vez reemplazados por los belgas después de la primera guerra mundial. A partir de ese momento comenzó a acentuarse la división entre tutsis y hutus pues como dice el proverbio: “divide y reinarás!!” y así los belgas podían mantener el control. 

El gobierno belga apoyaba a los tutsis, pero estos perdieron ese apoyo al manifestar su deseo de independizarse. En 1959 hubo una revolución iniciada por activistas hutus que causó la emigración de 100,000 tutsis a los países vecinos; Ruanda finalmente abolió la monarquía y se independizó en 1962 y el gobierno quedó en poder de los hutus, pero el reino quedó reducido a lo que es hoy ese diminuto país 
A partir de ese momento las tensiones entre hutus y tutsis se acentuaron; hubo un golpe de estado en 1973 y el país se convirtió en una dictadura con poder absoluto de los hutus. Entretanto, los tutsis que habían sido expulsados en 1959 crearon una organización denominada el Frente Patriótico Ruandés (FPR) que en 1990 inició una guerra civil para derrocar al gobierno hutu. 


Kigali, una ciudad en la que todo funciona               Foto: NPR

En 1993 se negoció un acuerdo de paz entre el FPR y el gobierno ruandés, pero en abril de 1994, tras el asesinato del presidente hutu, se desató el genocidio que terminó tres meses después, cuando el FPR se tomó el poder y lo ha mantenido hasta el día de hoy.


El país lleva esa cicatriz y 30 años después, pareciera que las heridas han sanado. Hubo un enfoque en la reconciliación y la reconstrucción y lo que se ve es un gran progreso y mejores condiciones que la mayoría de sus vecinos. Carreteras en buen estado, seguridad, limpieza absoluta (los plásticos están completamente prohibidos), cero mendigos y todo el mundo alaba al gobierno del presidente Paul Kagame que misteriosamente lleva 25 años como jefe de Estado. 

¿Y qué hay detrás de esa realidad? Según un libro escrito por la periodista investigativa británica Michela Wrong (Do Not Disturb: The Story of a Political Murder and an African Regime Gone Bad) que se centra en el asesinato en Sudáfrica de un opositor de Kagame, quien fuera su jefe del servicio de inteligencia, al parecer la represión en Ruanda es terrible. 

Wrong critica a Kagame, acusándolo de ser un dictador brutal; de estar  vinculado con asesinatos y desapariciones; y de no tener problema para deshacerse de sus opositores tanto en Ruanda como en el extranjero, de la misma forma en que lo hace Putin. Todas estas acusaciones están también sustentadas por un informe de Human Rights Watch que pueden leer aquí. 

Pero Ruanda ha sabido mantener su apariencia de país modelo mostrando un gran crecimiento económico (aunque aparentemente las estadísticas oficiales están manipuladas) y manteniendo el ejército más poderoso de África, lo que le ha permitido: aportar un gran número de soldados a las fuerzas internacionales de paz y así otros países evitan participar en misiones peligrosas; ayudar a proteger un proyecto de gas francés en Mozambique; y reemplazar las tropas francesas que luchan contra los rebeldes en la República Centroafricana, entre otros.

Paul Kagame                Foto: Wikimedia

De esta manera Kagame presenta una imagen atractiva, para que el resto del mundo ignore las violaciones a los derechos humanos. Pero la realidad, según el relato de Wrong, es que las fuerzas tutsis, bajo el liderazgo de Kagame han asesinado a casi tantas personas como las que perecieron en el genocidio.

Y para rematar, está la participación de Ruanda en la guerra en el Congo (RDC) que ha causado miles de muertos y desplazados, no solo ahora sino durante las últimas décadas. Su participación se ha caracterizado por intervenciones militares directas, apoyo a grupos rebeldes (en particular el M23) y explotación de recursos naturales. Particularmente, el M23 controla la explotación de coltán, cobalto, oro y diamantes en el este de la RDC, y permite que los minerales salgan ilegalmente hacia Ruanda para, desde allí, abastecer a grandes multinacionales. Entonces Ruanda aparece como gran exportador de recursos que ni siquiera posee.


Podría extenderme mucho en esta historia, pero sé que mis lectores se van a aburrir entonces más bien les dejo una reflexión; ¿qué opinión les merece un dictador que, a costa de miles de vidas, ha impulsado el desarrollo económico de su país, y su propia glorificación, pero sin beneficio económico personal? Es difícil de responder cuando vemos que lo mismo ocurre en muchos países de Latinoamérica, pero con la diferencia de que allá no se logra el desarrollo económico de un país sino el enriquecimiento personal de unos pocos.

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