domingo, 24 de septiembre de 2023

2. El país del arco iris

Antes de pretender entender la historia de este país, en la cual es necesario ahondar para lograr descifrar su situación actual, preferí empezar por algo más fácil; la geografía y la demografía.

Sudáfrica es un país en muchos aspectos muy similar a Colombia. En territorio es solo un poco más grande; el tamaño de la población es similar aunque creciendo a mayor velocidad; es un país bañado por dos océanos; y aunque tiene un clima más austral, también posee gran variedad de pisos térmicos ofreciendo así una gran diversidad en cuanto a fauna y flora. 

Johannesburgo está a 1.700 metros de altura y tiene alrededor de 6,2 millones de habitantes y la capital, Pretoria, se encuentra a tan solo 50 kilómetros de distancia y con sus 2,8 millones de habitantes hace que juntando ambas ciudades esto se pueda comparar con Bogotá.  

En términos económicos (Producto Interno Bruto) también es similar a Colombia pero desafortunadamente sus dirigentes les ganan a los nuestros en lo que a corrupción e ineptitud respecta, con lo cual las tendencias son aún más desalentadoras; y lo que es aún peor, en términos de desigualdad, ese índice Gini (coeficiente que mide la desigualdad en los ingresos y que entre más cercano a 1, peor es la situación) en el cual Colombia, con un valor del 0,52, ocupa el deshonroso noveno lugar entre todos los países del mundo, Sudáfrica con un índice de 0,63 ocupa el peor lugar. Es el país más desigual del mundo y esto es visible desde el primer momento en que uno llega, al ver por un lado un país muy sofisticado en muchos aspectos pero por otro lado, mucha gente viviendo en condiciones de pobreza absoluta. 

Como verán, voy acumulando temas para investigar, para así entender cómo y porqué las cosas en Sudáfrica están como están y poder compartirlas con ustedes esperando que el destino de las dos naciones no sea el mismo y que no terminemos igual de mal.

A Sudáfrica a menudo también se le denomina como “el mundo en un solo país” debido a sus impresionantes paisajes naturales, que incluyen montañas, sabanas, desiertos y costas; a que alberga una extraordinaria variedad de vida salvaje y un caleidoscopio de paisajes (¿suena familiar?); pero también debido a su rico patrimonio cultural, que es una mezcla de influencias africanas, europeas y asiáticas, lo que hace que hasta ahí lleguen las similitudes con Colombia. Porque culturalmente está conformado por una gran variedad de etnias, idiomas y creencias religiosas, por lo que se la conoce también como la nación del arcoíris, término que fue acuñado por el arzobispo Desmond Tutu para describir la Sudáfrica post-apartheid y que pretende resumir la unidad del multiculturalismo. 

En Sudáfrica 80% de la población es negra,  y la población restante está formada por las comunidades con ancestros europeos (sudafricanos blancos), asiáticos (sudafricanos indios y sudafricanos chinos) y comunidades multirraciales. 

La bandera combina colores de los orígenes europeos (blanco, rojo y azul)
 con los del partido político de Mandela 

Existen 11 idiomas oficiales además del lenguaje de signos. Nueve idiomas son lenguas bantúes (africanas) y dos son de origen europeo: el afrikáans que se desarrolló a partir del holandés y el inglés que se utiliza habitualmente en la vida pública y comercial y que, de igual manera que en la India, es la lengua franca que permite la comunicación entre todos.

Y aquí hay un aspecto que no puedo dejar de mencionar y que ha tenido gran impacto en mi llegada a este país pues para mi gran fortuna, fueron los británicos los que finalmente ganaron las guerras coloniales y gracias a eso todo está en inglés. Parece un aspecto insignificante pero después de haber vivido la barrera del idioma en Austria es un alivio no tener que volver a quebrarme la cabeza para tratar de entender cosas tan simples como recetas de cocina o prescripciones médicas. No es algo que pueda pasar desapercibido pues eso jugó un papel fundamental en mi paso por Viena. Al llegar a esa ciudad, me dije a mi misma que tenía que aprender Alemán porque sería la única forma de entender la cultura austriaca. A pesar de que allá casi todos hablan inglés, me sentí igual que el escritor Ryszard Kapuscinski al describir su sensación al llegar a un país en el que no entendía la lengua: “…me sentí atrapado por la lengua que en ese momento me pareció como una muralla que se levanta en medio del camino y no nos permite seguir adelante, vetándonos la entrada”, … “comprendí que cada mundo entraña un misterio y que el acceso al mismo sólo lo puede facilitar la lengua. Sin conocerla, ese mundo permanece insondable e incomprensible por más años que pasemos en su interior.”

Y yo que pensaba que a pesar de que muchas cosas no se me daban bien, algo para lo que si era buena eran los idiomas, así que asumí que aprender una cuarta lengua sería como pan comido y nunca me imaginé lo equivocada que estaba. Realmente lo intenté pero, por un lado, para el día a día con el inglés me bastaba, así que no practicaba mucho y por otro lado, se trata de una lengua con una gramática complicadísima, muchas veces ilógica y a la cual no logré cogerle cariño. Seis años más tarde, mi alemán sigue siendo muy precario pero para consuelo mío no soy la única con ese problema pues muchos años antes Mark Twain en su ensayo llamado “The Awful German Languaje” concluyó que la vida es muy corta para aprender alemán.

Bueno, todo esto para explicar por qué finalmente nunca pude entender bien a los austriacos pues sin entender las noticias y pudiendo a duras penas entender un poco de la prensa escrita, nunca llegué a penetrar en esa cultura. Pero aquí en Sudáfrica ese no será el caso y me alegra saber que en gran medida podré descubrir y entender las complejidades de este país y compartirlas con ustedes.

domingo, 17 de septiembre de 2023

1. De la India a Sudáfrica pasando por Viena

Queridos lectores:

Después de una pausa de seis años en mis relatos, heme aquí de nuevo viviendo una nueva aventura que quiero documentar y compartir con ustedes. Un nuevo continente, un nuevo país que también tiene muchas similitudes con Colombia (tan cerca...) pero a la vez está físicamente lejos y es culturalmente muy diferente (tan lejos...). Es un país que todavía no logro discernir pero supongo que lo iré descubriendo poco a poco y así podré entenderlo mejor y sobretodo, podré disfrutar al máximo esta nueva peripecia. 

Durante mis cinco años en la India narré mis aventuras en ese país y creo que el hecho de escribir ese Blog (www.indiacol.blogspot.com) me hizo saborear aún más esa vivencia y por eso decidí volver a hacer lo mismo. Pero entre tanto pasaron seis años y para ponerlos más en contexto creo que es importante contarles qué pasó durante ese tiempo.

En realidad no fueron seis años sino cuatro porque entre el COVID y otros acontecimientos personales siento que fue mucho menos tiempo. Pero no significa que la vida en el mejor vividero del mundo (The World's Most Liveable Cities) que es la calificación que múltiples publicaciones le han adjudicado a Viena, pueda pasar desapercibida. 

Viena es una ciudad hermosa
Vivir en Viena podría calificarse como vivir en una utopía que de acuerdo con una de las definiciones significa “Plan o sistema ideal de gobierno en el que se concibe una sociedad perfecta y justa, donde todo discurre sin conflictos y en armonía” (Diccionario Oxford). En Viena no hay tráfico, el transporte público es perfecto (en términos de frecuencias, cubrimiento, seguridad y comodidad), no hay inseguridad, no hay polución, no hay pobreza, los arriendos no son caros, el aeropuerto es super eficiente - y no puedo omitir el detalle de que a partir del momento en que uno aterriza, incluyendo el paso por inmigración y la recogida de las maletas, no transcurren más de 20 minutos hasta llegar a la puerta de salida - en fin son tantas las cualidades que me quedaría corta enumerándolas. Pero como todo no puede ser perfecto, los vieneses no se dan cuenta de que pertenecen a quizás el 0,01% de la población mundial que cuentan con todos esos privilegios y claro está, al enfrentarse con el más mínimo problema, como por ejemplo un pequeño retraso del tren, comienzan a quejarse como si fuera el fin del mundo. Cómo me hubiera gustado trasladarlos por un momento  a un trancón (atasco) en Bogotá o  a una plaza de mercado en la India y hacerlos sufrir ese suplicio para que aprendieran a apreciar lo que tienen. 

"Café Central"el más famoso de Viena
Y es que los vieneses no son amigables y eso también lo sustenta una encuesta hecha a nivel mundial (InterNations) en donde entre 53 países, Austria se posiciona en el último lugar en cuanto al nivel de la amabilidad de su gente y eso se puede comprobar sobre todo al pedir un café en alguno de los famosos Cafés de la ciudad en donde la antipatía de los meseros es directamente proporcional a la fama del sitio. Aunque realmente el puntaje se debe sobre todo a los vieneses porque los demás austríacos son por lo general muy amables. 

Llegué entonces a la conclusión de que lo que les sucede a los vieneses es lo que los psicólogos llaman adaptación hedónica, es decir que una persona puede "experimentar mucha felicidad luego de un evento gratificante en su vida, pero, al final, retrocederá hacia donde se encontraba su satisfacción justo antes del evento", o en otras palabras, se acostumbrará a lo bueno y después ya eso no le producirá felicidad.

Pero yo durante mis múltiples vivencias he aprendido que no hay nada perfecto y uno tiene que aprender a vivir con lo bueno y saborearlo y tratar de ignorar o evitar lo malo. Así que Viena fue una aventura relajada durante la cual aprovechamos la gran oferta cultural, la tranquilidad de salir a cualquier hora incluso vestidos de gala y tomar un tranvía a media noche, las caminatas por los hermosos Alpes austríacos, la posibilidad de degustar excelentes vinos blancos, en fin, una vida apacible y cómoda. Y como todo lo bueno tiene que acabar en algún momento porque de lo contrario le pasa a uno lo que a los vieneses (que sufren de adaptación hedónica), nuestra aventura terminó y aquí estamos empezando un nuevo capítulo. 

Ahora somos solo Gaetan, mi esposo, nuestra perra Nala y yo, en un destino muy lejano donde supongo que las cosas buenas que habrá para disfrutar serán otras. Ya no habrá seguridad, y la oferta cultural será limitada, pero creo que la naturaleza y la amabilidad de la gente compensarán muchas cosas. 


La naturaleza es espectacular

Así que bienvenidos a este nuevo capítulo que convertiré una vez más en un recuento de mi vida en un lugar remoto contado desde la perspectiva de una colombiana. 

Pero para poder seguir con mis relatos tengo muchísimo que aprender porque solo la historia nos ayuda a entender las realidades de la gente, así que estoy en ese proceso y espero poder compartir con ustedes ese conocimiento en los siguientes capítulos de este Blog.