Hace algún tiempo, mi hijo Thomas empezó a interesarse por el rugby y a explicarnos un poco de qué se trataba ese deporte, sobre todo porque actualmente el mejor jugador del mundo es un francés que se llama Antoine Dupont y como este año era la copa mundo de rugby en Francia, el equipo francés tenía muchas posibilidades de ser campeón. Pero cuando dijimos que nos veníamos a vivir a Sudáfrica, Thomas insistió en que ahora si teníamos que aprendernos las reglas del juego porque aquí es el deporte estrella y seguramente todo el mundo estaría pendiente de los partidos. 
Campeones mundiales Foto: EPA-EFE / Yoan Valat
Y así fue. No me refiero a que hayamos logrado entender las reglas, sino que aquí es una pasión, por lo menos en la zona en donde vivimos. Y para tener más contexto, nos volvimos a ver la película Invictus (que les recomiendo mucho si no la han visto), en la que, de alguna forma, Mandela logra reconciliar a negros y blancos a través de ese deporte.
Para los blancos de este país el rugby siempre ha sido una pasión como el fútbol en Latinoamérica, pero no era así para los negros, a quienes incluso hasta 1981, se les prohibía hacer parte del equipo. Sin embargo, cuando un país es bueno en un deporte, eso logra unir a la gente y las diferencias y los problemas se olvidan por momentos. Eso fue lo que logró Mandela ya que Sudáfrica había sido excluida de cualquier participación en torneos internacionales, no solo de rugby, sino de cualquier deporte, como parte de las sanciones aplicadas debido a la política del Apartheid. Y poco después de que el país fuera readmitido en torneos internacionales, Sudáfrica se convirtió en sede de la copa mundial de rugby en 1995 y el equipo quedó campeón. Mandela logró unificar a blancos y negros con la camiseta verde y amarilla de los Springboks, que es el nombre del equipo, o coloquialmente Bokke, y que hoy orgullosamente utiliza la gente como signo de identidad nacional tal como nosotros con la camiseta amarilla del equipo de fútbol colombiano.
El campeonato mundial de rugby dura casi dos meses porque los jugadores necesitan tiempo para recuperarse de las lesiones. Es un deporte sumamente violento y realmente no sé cómo sobreviven, pero lo bueno es que durante todo ese tiempo se vivió la alegría del mundial (igual que nosotros con el fútbol) y con gran orgullo Sudáfrica se coronó campeón frente a los temidos All Blacks de Nueva Zelanda y además se convirtieron en el país con más copas ganadas con cuatro trofeos mundiales.
El país entero celebró unido, sobre todo porque Siya Kolisi, es el primer negro en ser capitán y ha llevado al equipo a la gloria en dos ocasiones seguidas. Él es un ejemplo para el país pues proviene de una familia muy pobre y hoy en día es un héroe que le da esperanza a muchos como él y que logra unir a la gente.
Así que nos gozamos viendo los partidos y sufrimos la camiseta (excepto durante el partido contra Francia), y celebramos a la par con la gente de aquí.
Y aparte del rugby otra de las tradiciones o costumbres que nos ha llamado la atención es la diferencia en el ritmo de vida. Aquí todo comienza muy temprano e incluso los gimnasios son más baratos a partir de las 8:00 am, algunos restaurantes cierran a las 10 pm y los ciclistas salen a montar a las antes de las 6 am. Nosotros que éramos búhos nocturnos hemos que tenido que cambiar y ahora somos pájaros madrugadores. Poco a poco nos vamos adaptando a esta vida en la que todo empieza más temprano, pero todo transcurre también a un ritmo más lento. Una vida al compás de la naturaleza.
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